Meditari

A pesar de que la Navidad es esencialmente cristiana, existe un acuerdo tácito dentro de todas las facciones de la humanidad en el que interpretan al mes de diciembre como un tiempo de reflexión, de re-consideración y de re-evaluación personal. Ésto ha sido siempre así, no hace falta un Mercurio retrógrado quien nos lo recuerde. En lo personal, he tomado en serio la meditación de lo que ha sido el balance de las acciones y pensamientos tanto positivos como negativos durante este año 2011.

Confieso que soy un hombre que cree fervientemente en el peso de las acciones y hechos, no creo en cuentos de hadas ni en premoniciones ni profecías. De nada me sirve (por ejemplo) recitar todos los mantras existentes y mirar por encima del hombro a quien necesita de mi precisa ayuda, es fútil tener en posesión enormes deidades monolíticas suntuosas y ornamentales, para luego desearle mal a aquel que me hizo daño, y sobretodo se me hace una grandísima hipocresía pretender conseguir mi Samadhi como si fuese una meta, no existen “años de Yoga” ni TTC’s ni certificados que me lo otorguen, me es inconcebible pretender alcanzar el Moksha e ignorar los pesares  tan evidentes que existen en nuestro muy contaminado, erosionado, humillado y corroído planeta, en sencillamente una acción egoísta de mi parte pensar de esa manera.

A pesar de tener un código personal de conducta, no significa que mi proyección antepuesta a él haya pasado de un ideal a una realidad, hay muchísimo trabajo que debo de hacer, especialmente ahora que siento que le he fallado a mi propio código en los últimos sesenta días, siendo éste el quid de la cuestión. Con base a la disolución de una sociedad de instructores de Yoga (a la cual yo me encontraba adscrito) y posteriores hechos perniciosos y maliciosos que sucedieron, hice recurrencia de viejas aptitudes y maneras de ser que no había adquirido desde mi adolescencia e incluso comportamientos en los que le hice daño a seres queridos y de alta estima para mí. Si de algo estoy seguro es de que no escogí este camino para luego dejarme llevar por los fantasmas de la soberbia, la indiferencia, la aversión y el deseo, ya he probado con anterioridad que estos cuatro fantásticos son las fuentes de sufrimiento más comunes. Decidí dimitir de mi fidelidad hacia mi antiguo Guruji. No es secreto para nadie que una realidad de la vida es que veremos de que está hecha una persona cuando él/ella cruce por una situación difícil y lamentablemente Guruji no me demostró ni un ápice de sabiduría dentro de la debacle de la sociedad susodicha, la cual he calificado como la situación más pueril que he presenciado, algo que se pudo solucionar con una simple orden. A partir de ello, decidí dimitir de todo lo relacionado y luego desamparar el nombre espiritual que él me había otorgado: Nirmal. Quien quiera y lo sienta de corazón puede aun llamarme por ese nombre, no siento repulsión por él, únicamente lo que he hecho ha sido erradicar mi asunción del mismo. No siento aversión por Guruji, es sólo que me di cuenta de que él no forma parte del camino que decidí seguir. He comenzado por profundizar mi meditación dentro de mis prácticas personales de Yoga, el primer paso se ha dado: la consciencia del juicio que he emitido a terceros durante las últimas semanas. Lo más preocupante es que su causa radica en inseguridades recientes, de no darme cuenta de ésto a tiempo terminaría por ofuscar mi creatividad en proyectos futuros y en cosas peores como el fin de mis relaciones personales con terceros, cosa que no pienso otorgar. Existen viejos fantasmas emocionales que me acechan y pretender volver a crecer como parásitos de mis ideas y pensamientos para sólo defecar estas llamadas toxinas de la mente. Durante todo este proceso he decidido restringir mis relaciones personales, espero me entiendan porque no quiero arriesgarme a herirlos.

Lo más honesto que puedo hacer como instructor de Hatha Yoga para con mis alumnos es decirles que no soy perfecto, ser instructor de esta ciencia no me hace impune, no me hace un ser con cualidades divinas quien ha alcanzado el equilibrio y la luminiscencia de su ser, soy también un ser humano y tengo mis emociones. Así como mis alumnos lo hacen, yo también construyo mi camino hacia mi ecuanimidad. No quiero anteponer a mis alumnos una fachada de alguien que básicamente no tiene sangre en las venas. Así como yo acepto a mis alumnos como son, yo también deseo que me vean como soy.

Parte de la oración universal del Swami Sivananda dice Danos visión clara y mente equilibrada, le he prestado atención especial a esta línea y será en definitiva mi actual Drishti. Liberarme de la avaricia, del deseo, de la lujuria, de la envidia y de los celos son verdaderos tesoros en mi vida. No hay oro que brille más que la paz interior.

Om Shanti.

Alejandro Ricoveri

Advertisements
Meditari

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s